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Proceso creativo: Pendientes plata de ley. Colección Stars. Dharma Devotion, 2018



Para estos pendientes utilicé lámina de plata de 0.4 mm, cortada con mi cortador de círculos.

Para ello, corto previamente con la tijera para metal unos cuadrados de lámina a partir de los cuales haré cada círculo. Esto es necesario para evitar que la lámina se endurezca progresivamente.

El cortador se ha de engrasar debidamente en todas sus partes para facilitar el cortado y evitar que el macho quede encallado.

Es importante usar esta herramienta porque es blanda y así evita que, como sucede cuando se golpea con un martillo normal, este rebote y no logre cortar adecuadamente. Además, el gran peso de la maza contribuye al éxito del corte.

Posteriormente, pulo las rebabas que han quedado en los bordes del círculo al cortar, pues el corte nunca es perfecto. Lo hago con el micromotor, utilizando unos discos de goma de tres grosores distintos, que voy cambiando progresivamente hasta que el borde quede perfectamente suave, sin peligro de que corte.

El siguiente paso el el recocido de cada pieza para que vuelva a recuperar su ductibilidad antes de pasarlo por la laminadora para texturar.

Los golpes que recibió en el corte y la tensión del pulido han endurecido el material, así que someterlo a alta temperatura con el soplete, poniéndolo al rojo vivo, con cuidado de no superar ese punto para que no se funda la plata, asegura que cogerá la textura a la perfección.

Después aplico la textura a cada disco con ayuda de la laminadora.

Para ello introduzco el disco, junto a un papel que he cortado previamente con un cortador de diseño de estrellas; esto es algo que realizo como modo de reciclaje de los trozos más pequeños de esos papeles que utilizo para exponer los pendientes, entre otras cosas.

Son papeles de gramaje elevado, unos 120 g., lo cual contribuye a la mayor profundidad del grabado, y también la calidad del papel repercute en la calidad de la textura del grabado.

Introduzco dentro de un papel también reciclado de gramaje elevado (unos 200 g.) el disco junto a ese papel o elemento cortado (en algunos casos uso el positivo, y en otros el negativo, con lo cual se aprovecha al máximo el papel)

Introducir la plata con el papel para texturar en este bocadillo de cartulina sirve para asegurarme de que todo permanece en su sitio mientras pasa por el rodillo de la laminadora.

Además, así tengo mayor superficie de agarre y también evito que la plata manche los rodillos.

Cuando paso los discos de plata por la laminadora, además de coger la textura, también se deforman, pasando de ser circulares a ovalados, pero esto, lejos de ser un inconveniente, me parece muy interesante.

Es importante que cuando paso los discos por la laminadora lo haga de una manera continua, sin parones, para que el resultado sea lo más homogéneo posible.

También influye el grado de presión ejercido, y me parece todo un arte encontrar el punto en el que el grabado sea lo suficientemente evidente sin que se se deforme la pieza.

En el caso de los pendientes pegados sí que logré que no se deformaran y que tuvieran un relieve marcado.

Ese punto es difícil de encontrar, y también es muy bonito conseguir que en unos pendientes tan pequeños se mantenga la circularidad.

Pero puede pasar que al intentar no presionar mucho para no deformar la pieza, que la presión sea poca y no se marque bastante el relieve. Y cuando ya se ha pasado una vez, no puede volver a pasarse. (Quizás, si se han fijado muy bien con cinta adhesiva las piezas, y no se ha movido apenas, pueda reintentarse; pero normalmente suele quedar todo inutilizable).

A continuación perforo las piezas con el micromotor. Para ello, primero marco los puntos con un rotulador permanente. Luego, los señalo con un cincel de punta, para que la chapa se hunda un poco y luego la broca sepa dónde abrir camino.

Aún así, la broca luego muchas veces patina, pues el golpe del cincel suele endurecer el metal, y unido a que ya ha sido laminado, perforar sin volver a recocer antes es arriesgado. Pero bueno, lo prefiero, y, aunque con dificultades, lo logro. Porque me parece más arriesgado recocer a estas alturas, ya que se corre el riesgo de que se llegue al punto de fusión y se pierda un poco la definición del grabado. Además, que perdería la dureza de la pieza, que es fundamental para su durabilidad.

Así, se trata de perforar con decisión. Con un listón de madera gruesa debajo, y sosteniendo la pieza para evitar que gire con el taladro.

Acto seguido repaso con un trozo de papel de lija de grano grueso, (400-600) la parte trasera de las perforaciones para quitar las rebabas que han salido. Lo hago a mano, pues es tan poco que me parece excesivo usar el micromotor para eso. Eso sí, me protejo el dedo con un dedal de cuero para evitar rozaduras y suciedad.

Luego, le doy volúmen a las piezas. Lo realizo en un tas semi esférico, golpeándolas con la maza de silicona, que no deforma ni marca la pieza como un martillo de metal.

Utilizo directamente la maza, en vez del macho de madera que viene acoplado al tas, pues al ser piezas tan pequeñas y finas, no reciben bien sólo con la madera.

Necesito hacer muchos golpes delicados y repetidos con la maza acrílica para que la chapa pase al estado convexo sin deformarse ni dañar en lo más mínimo la textura ya aplicada.

Ahora preparo la pieza para soldar.

Primero la sumerjo en agua con sales blanqueantes, que junto con la piedra pómez, acaba con cualquier resto de grasa, que sería un impedimento a la hora de soldar.

Este es el mismo proceso que se hace después de recocer una pieza o soldarla, aunque también es bueno hacerlo antes de soldar, para asegurarnos de que no queda nada de grasa.

Comienza el proceso de soldado preparando los payones de soldadura. Esto suele consistir en martillear el hilo de soldadura, que suele ser redondo, salvo algunos casos en que ya viene en tiras planas. Y cuando ya está plano, se corta con la tijera haciendo trozos que sea adecuados para el tipo de soldadur que queremos hacer.

Cojo los pallones con pinzas, para mayor precisión y para no engrasarlos.

Sitúo el pallón donde voy a soldar y añado bórax, el líquido que hace que la soldadura corra cuando alcanza la temperatura de fusión.

A continuación, cojo el palito que voy a soldar, que en este caso son comprados, de plata de ley, y vienen preparados con las muescas para que la presión trasera se sostenga.

Sujeto el palito perpendicularmente sobre el pallón y el bórax, sujetándolo con una pinza que se mantiene sola en presión, y que a su vez sujeto con un apoyo imantado.

Así aplico la llama, girando constantemente la pieza para que le llegue el calor por todas partes. Esto es gracias al platillo giratorio sobre el que están los ladrillos refractarios.

El que el palillo sujete el pallón me ayuda también a que este no salte por acción del calor y el bórax, así que este tipo de soldadura de pendientes pegados la he experimentado como muy fácil.

Después del soldado, limpio las piezas con piedra pómez y estropajo para quitar los restos más superficiales del bórax.

Luego, con una punta abrasiva suave en forma de disco pequeño, elimino las irregularidades que han surgido alrededor del punto de soldadura, quedando así de limpias y con una soldadura casi imperceptible.

Ahora las piezas están listas para la pátina de oxidación con sulfato de potasio.

Lo aplico sumergiendo las piezas en un bote con un poco del líquido oxidante, ligeramente rebajado en agua.

Para ello utilizo unas pinzas largas con goma en la punta.

Tras la oxidación la pieza queda práctiamente negra, sin matices.

En esta ocasión le quise pulir con fieltro, como suelo hacer.

Las puntas de fieltro que tengo estaban muy gastadas, y compré nuevas, pero me equivoqué de tipo y no encajaba en mi micromotor, así que lo hice a mano. Pero no logré un resultado demasiado satisfactorio. Pasó del negro al gris, pero sin el brillo que yo quería.

En este punto aproveché para limpiar la parte de detás de las piezas, pues no quería dejarlas negras. Utilicé una punta del micromotor con un disco con pelos de latón, que en seguida dejó unas traseras mucho más presentables. Limpias, pero mates.

Para conseguir el resultado óptimo que quería, finalmente utilicé mis gastadas puntas de fieltro impregnadas de cera Dialux blanca. Podemos ver en las dormilonas de la colección el efeccto.

Se me olvidó mencionar que pulí los pordes de todos los círculos con esta punta de goma del micromotor, y con otras dos, de dos grosores más finos, por lo que las piezas quedan totalmente suaves al tacto en sus aristas.

Para añadir los adornos finales utilicé pines de plata de ley que compré ya hechos.

Las cuentas utilizadas en el modelo grande de la colección son piedras semipreciosas de Jaspe sedimento marino teñido de color morado y Lapislázuli.

Para el modelo pequeño de un solo colgante triple utlilicé chips irregulares de Amazonita del Brasil.